Tengo la impresión de que nos conocemos, ¿tú no? Tal vez debiera invitarte a un café (sin deseo de parecerte inoportuno) para que ese día en que el tiempo nos sirva una copa de olvido, yo pueda tener la certera impresión de que te conozco, y no me tomen por un loco enardecido. Este abril debiera ser un agosto, y mi cara en el espejo más debiera ser tu rostro, o un corazón en el vaho de los azulejos, o mi mano arrugada sobre tu mano, sin saber que contando los lunares de tu cuerpo ambos nos hicimos viejos. Quiero tener la impresión de que mis labios fueron océanos de fuego sobre tu espalda, que mi imaginación dio largos paseos con tu imaginación por los más bellos bulevares que se estrechan bajo las tablas de tu falda. Quiero mirarme al espejo y verte a ti o no ver nada, que mi pecho sea el amasijo de plumas que te sirve de almohada. Quiero tus manos ardiendo en mi lecho, que tus uñas dibujen pentagramas por todo mi cuerpo y que empañe nuestro aliento suelos, paredes y techos. Que no pongamos jamás la excusa de la Aspirina, que derrumbemos al mirarnos la Catedral de Burgos y la Capilla Sixtina. Quiero que te hagas la muerta delante del camarero, quiero que llores de risa, quiero que rías de miedo, quiero bajar la basura y que ya me eches de menos. Quiero ser un poeta muerto, ¿quieres ser mi mausoleo? Quiero despreciar la luna cuando te tenga a mi lado, y cuando te vayas lejos tiraré el dado de la fortuna, saldrá un ocho tumbado y de nuevo serán mis brazos los que te acunan.
Cuando los años nos pasen factura y nuestros recuerdos se pongan en huelga, combatiendo la enfermedad futura, nos miraremos a los ojos y bebiendo esa copa de cuerda locura, recordaremos el café que nos ha unido, sin duda.
Espero no ser inoportuno, pero…
…tengo la impresión de que nos conocemos, ¿tú no?
Caos Fernández Lobo (Texto y foto)

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