INTERIOR DE LA VERANDA DE LA CASA – ATARDECER
FRAN
Abuelo, ¿por qué la abuela está siempre triste?; ¿por qué no habla contigo?; ¿es que no te quiere?; ¿tú la quieres a ella?
ABUELO
Claro que la quiero y ella… me quiere…a su modo.
FRAN
¿Es que hay varios modos de querer?; ¿y tú de qué modo la quieres?
ABUELO
Lo importante no es el modo, sino la persona que siente ese amor. Hay que ser valiente para amar a alguien. Es muy duro y a veces duele.
FRAN
¿Como cuando me quemé con la plancha de mamá?
ABUELO
No Fran, no es lo mismo. El dolor del que te hablo es más fuerte, más hondo. Se agarra al corazón y no te deja ser feliz.
FRAN
Ya sé. Entonces la abuela no es feliz porque te ama a ti.
ABUELO
Verás, hijo, muchos se pasan la vida entera buscando el modo de ser felices. Algunos escriben libros en los que aseguran desvelar las claves para conseguirlo y otros, ingenuos, dedican sus días a esos libros creyendo que, por menos de lo que cuestan unos zapatos, un iluminado les entregará el mapa del tesoro ¿Entiendes que la manera de lograr algo tan grande como la felicidad no viene escrita en ningún libro?
FRAN
Sí, lo entiendo. El mapa del tesoro hay que buscarlo, no te lo pueden regalar, ¿a que no abuelo?
ABUELO
Eso es, Fran. La felicidad no te llamará por teléfono para concretar hora y lugar en que deberás encontrarte con ella. Tal vez, el secreto sea cosa del destino, del azar o de Dios. Sea como sea, para emprender el viaje por cualquiera de los caminos, siempre deberemos llevar con nosotros una gran ración de valor, del verdadero valor, ése del que muy pocos saben armarse cuando todo parece más difícil.
FRAN
¿Y la abuela no tiene valor, abuelo?
ABUELO
Tu abuela no es una mala mujer después de todo. Te quiere mucho, pero no es fuerte, nunca lo ha sido. Los problemas no se solucionan desde la cama, Fran. Si tienes un problema debes salir ahí fuera y combatirlo como un león, con todas tus fuerzas, porque, como siempre te dice tu padre, si no vas a intentarlo con todas tus fuerzas…
FRAN
¡Es mejor que sigas durmiendo!
ABUELO
Eso es, hijo. Y aun así, incluso reuniendo ese valor, hasta teniendo todo de tu parte, nadie te puede garantizar esa felicidad. Nunca.
FRAN
¿Y tú eres feliz, abuelo?
ABUELO
Lo soy, pero… creo que es imposible serlo completamente.
FRAN
¿Y entonces, para qué tengo que ser valiente si no podré ser feliz?
ABUELO
Muy feliz sí, tremendamente feliz, tal vez, pero no completamente feliz. No de forma permanente, ¿entiendes lo que significa esa palabra?
FRAN
Permanente… ¿Es como el infinito, abuelo, para toda la vida?
ABUELO
Eso es, hijo. No podemos ser felices por completo durante mucho tiempo, porque en algún momento de soledad tendremos la ocasión de temer que esa felicidad acabe y, desde ese instante, el miedo no nos dejará disfrutarla al cien por cien. La incertidumbre nos irá fulminando muy poco a poco. ¿Entiendes lo que te digo?
FRAN
No sé qué es la incerti…
ABUELO
La incertidumbre es uno de los sentimientos más asfixiantes; se ceñirá a tu estómago y te apretará con fuerza la garganta, haciendo que cada movimiento espiratorio nos plantee el enigma ante el cual no sabremos si nuestros pulmones reunirán las fuerzas suficientes para volver a tomar su imprescindible ración de aire.
FRAN
Ahora sí que me he perdido del todo, abuelo.
ABUELO
¿Recuerdas qué pasa cuando haces alguna travesura y tu madre te dice eso de “te vas a enterar de lo que es bueno cuando tu padre llegue del trabajo”? No sabes si te regañará, si te dará una azotaina o si te castigará sin salir a jugar con la pelota. ¿Qué sientes cuando eso sucede?
FRAN
Pues lo que siento es que tengo un nudo en la tripa y quiero que papá vuelva pronto de trabajar para saber qué va a hacer conmigo.
ABUELO
Exactamente. Eso es la incertidumbre, Fran. El no saber qué va a suceder y el tener la seguridad de que alguna de las opciones que pueden darse nos hará mucho daño. ¿Ahora lo entiendes?
FRAN
Sí, creo que ahora lo he entendido del todo pero, abuelo, no me respondiste a la pregunta: ¿por qué la abuela siempre está triste?; ¿por qué tiene esos moretones en los brazos y para qué necesita esas enormes gafas de sol cuando está en casa?; ¿por qué se las pone para salir, si fuera está lloviendo?; ¿es que la abuela no tiene ese valor del que tú hablas para mirar al mundo? Abuelo, ¿tú obligas a la abuela a llevar esas gafas?
ABUELO
En cierto modo, hijo. En cierto modo.
FRAN
Entonces, abuelo, ¿tú quieres a la abuela?
Caos Fernández Lobo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario