jueves, 18 de marzo de 2010

Moldeando otra boca

La última vez que abrió los ojos descubrió su propia piel erizada por el murmullo de aquella voz. Era un ave buscando cobijo entre sus costillas, un susurro atronador que no encontraba abrigo en su cuerpo. Ella sujetaba un cigarrillo apagado mientras se perdía en el horizonte más lejano. De repente dirigió la mirada hacia el chico. Estalló un bombardeo en sus pupilas que iluminaba la penumbra de la habitación y un aguacero de lágrimas hirviendo estuvo al borde de derramarse por ambos rostros. Todo el mundo bailaba en aquella sala y aquel par de desgraciados experimentaban la incontrolable sensación de tener que estrellar sus labios antes de que terminara la canción. Las luces volvieron a encenderse, la música paró y antes de que nadie pudiera darse cuenta, entre aquellas cuatro paredes, ellos estaban "rompiendo las barreras del sonido, comiéndose la boca". La última vez que abrió los ojos descubrió su propia piel erizada por el murmullo de aquella voz, por el delicado fluir de aquellas palabras que, desafortunadamente, se vertían de otra boca que no era la que él estaba devorando. Enamorado de una voz; enloqueciendo al moldear con sus labios los labios de otra boca. Desconcertado, petrificado, loco de remate.



Caos Fernández Lobo

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