Si le preguntan ustedes en qué piensa, él les dirá que en las estrellas. Si quieren saber por qué lanza piedras contra los gatos que deambulan por el barrio, se echará a reir y tal vez sean ustedes mismos el objeto de sus proyectiles. Nadie sabe si es cierto que tiene un ojo de cada color porque nadie ha podido acercarse lo suficiente. Nadie puede entender por qué se empeña en andar por ahí con esas malditas gafas a las que les falta uno de los cristales. Nadie adivina si llora de felicidad o ríe amargamente porque su rostro es una piedra inmutable ante el sentimiento. Yo no tengo ni la más remota idea de quiénes son sus padres, ni en qué calle vive. Yo no sé nada de él. Ni yo, ni nadie. Al menos no supe nada hasta que el pasado diciembre alguién golpeó mi pueta. Allí estaba él, preguntándome quién coño era yo y dónde había metido su otra lente.
Caos Fernández Lobo
jueves, 20 de mayo de 2010
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